Hugo Aguilar Ortiz no es el primer presidente indígena de la Suprema Corte: una mirada al legado oaxaqueño

A pesar de los discursos que celebran la llegada de Hugo Aguilar Ortiz como un hito inédito en la historia del Poder Judicial, los archivos históricos muestran otra realidad: él no es el primer presidente indígena en ocupar la silla más alta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Le preceden cinco figuras igualmente o más trascendentales, todos ellos con raíces indígenas oaxaqueñas que dejaron una huella profunda en la vida jurídica del país.

La elección de Aguilar Ortiz, validada oficialmente tras los comicios del 1 de junio, lo convertirá en el nuevo presidente del máximo tribunal a partir del próximo 1 de septiembre. Su origen mixteco y su procedencia del municipio de San Agustín Tlacotepec, en la Mixteca oaxaqueña, lo sitúan como el sexto indígena oaxaqueño en asumir este importante cargo, no el primero, como algunos discursos mediáticos han querido posicionar.

La historia oficial de la Suprema Corte, contenida en la publicación institucional Breve reseña histórica de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, recoge cinco precedentes claros de ministros presidentes con ascendencia indígena, en su mayoría zapotecos y mixtecos, que se remontan incluso a los inicios del México republicano.

El primero de ellos fue nada menos que Benito Pablo Juárez García, originario de San Pablo Guelatao, en la Sierra Norte de Oaxaca. De ascendencia zapoteca, Juárez accedió a la presidencia de la Corte en 1857 en medio de una profunda crisis política, tras el golpe de Estado de Ignacio Comonfort. Fue su papel como presidente del máximo tribunal lo que le permitió asumir, posteriormente, la presidencia de la República. Su legado como jurista y defensor del constitucionalismo mexicano es incuestionable.

Décadas después, entre 1923 y 1928, Francisco Modesto Ramírez, también zapoteca y oriundo de Ejutla de Crespo, ejerció como presidente del tribunal. Se había formado como abogado en el entonces Colegio Nacional de Jurisprudencia, demostrando el avance académico de comunidades originarias en el siglo XX.

En los años treinta, otro oaxaqueño, Alfonso Pérez Gasca, de origen mixteco y nacido en Pinotepa Nacional, presidió la Suprema Corte en dos periodos: 1932-1933 y 1934-1941. Su trayectoria académica comenzó en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, precursor de la actual Universidad Benito Juárez de Oaxaca.

Posteriormente, Alfonso Francisco Ramírez Baños, también mixteco y originario de Teposcolula, lideró la Corte de 1940 a 1959. Su formación jurídica también provino del Instituto de Ciencias y Artes, lo que refuerza la relevancia de esta institución para el desarrollo de cuadros jurídicos indígenas en México.

Finalmente, Juan Díaz Romero, nacido en Villa Putla de Guerrero, presidió el tribunal en dos amplios periodos: de 1986 a 1994 y de 1995 a 2006. Mixteco como varios de sus antecesores, estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), consolidando una trayectoria de varias décadas al servicio de la justicia constitucional.

Con estos antecedentes, la llegada de Hugo Aguilar Ortiz debe ser leída no como una irrupción inédita del mundo indígena en el aparato judicial, sino como la continuación de una rica y sostenida tradición jurídica que Oaxaca ha aportado al país. Su incorporación reafirma el papel de los pueblos originarios en la construcción del México moderno, no como excepción, sino como parte integral de su historia institucional.

Vale la pena recordar también que Oaxaca ha dado otras figuras relevantes a la Suprema Corte, como el general Porfirio Díaz, quien ejerció como ministro en el siglo XIX, o la primera mujer ministra del tribunal, María Cristina Salmorán de Tamayo, activa entre 1961 y 1973.

Así, mientras el relato mediático busca resaltar lo novedoso, es necesario poner en valor la continuidad histórica. Hugo Aguilar Ortiz no rompe una tradición, la honra.

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